Tras las Elecciones Regionales y Municipales 2026, las diferencias entre algunas mediciones y los resultados en las urnas vuelven a poner bajo la lupa la metodología y transparencia de las encuestadoras.

Con las Elecciones Regionales y Municipales 2026 ya realizadas, los resultados oficiales permiten mirar con mayor perspectiva las encuestas que se difundieron durante las semanas previas a la jornada electoral. Los porcentajes de intención de voto marcaron parte del debate público y generaron expectativas entre los ciudadanos, pero ahora surge una pregunta: ¿qué tan cerca estuvieron esas mediciones de lo que finalmente ocurrió en las urnas?

Para Carlos Enrique Chuquiruna, especialista en temas municipales, el análisis no debería limitarse a determinar qué encuestadora “acertó” o “falló”, sino a entender qué representa realmente cada porcentaje y bajo qué condiciones fue obtenido.

“Una encuesta mide la intención de voto en un momento determinado, no garantiza cuál será el resultado final. Por eso, después de una elección es importante revisar cuándo se realizó, a quiénes se encuestó, cuál fue la metodología y qué porcentaje de electores todavía estaba indeciso”, señala Chuquiruna.

Entre los principales factores que pueden explicar las diferencias entre una encuesta y el resultado electoral destacan:

“La credibilidad no debería depender únicamente de sí una encuestadora coincidió o no con el resultado final. También hay que evaluar si fue transparente con su metodología y si presentó sus resultados de manera responsable”, explica el especialista.

En ese sentido, Chuquiruna considera que las elecciones recién culminadas permiten a los ciudadanos revisar las encuestas con una mirada más crítica y comprender que una medición no constituye una predicción definitiva.

“Ahora que ya conocemos los resultados, podemos comparar qué decían las encuestas, cuándo se realizaron y bajo qué metodología. El ciudadano no debería quedarse solamente con un porcentaje, sino preguntarse qué hay detrás de esa cifra”, concluye.