
Entre la promesa de movilidad social y el temor a quedar fuera del mercado laboral digital, el estudiante latino del 2030 emerge como un perfil híbrido que estudia, trabaja y se forma de manera continua.
En América Latina, pensar en el futuro de la educación ya no es un ejercicio teórico. Las decisiones que hoy toman millones de jóvenes y adultos sobre cómo, cuándo y dónde estudiar están configurando el perfil del estudiante que dominará la región hacia el 2030. Un perfil marcado por altas aspiraciones de movilidad social, miedos concretos frente a un mercado laboral cambiante y oportunidades inéditas impulsadas por la expansión de la educación online.
Para 2030, América Latina seguirá siendo una región joven. Se estima que alrededor de 170 millones de personas tendrán este rango etario, con una demanda creciente de educación postsecundaria y formación continua. Sin embargo, los informes regionales de seguimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 advierten que, pese a la ampliación de la cobertura educativa, la región no está en trayectoria de cumplir plenamente las metas de educación de calidad para 2030. Esto significa que millones de estudiantes continuarán accediendo a sistemas con recursos limitados y marcadas brechas de calidad.
Perfil del estudiante latino 2030
En este marco, Luciano Velazco, especialista en educación virtual, estima que de cara a 2030, la figura tradicional del estudiante universitario a tiempo completo será reemplazada por un perfil que combina estudio y trabajo, y que transita entre formación técnica, cursos cortos y microcredenciales digitales como parte de una trayectoria educativa más flexible y continua.
“Las aspiraciones de este estudiante pueden agruparse en tres grandes ejes: movilidad social, sentido de propósito y relevancia laboral. La educación sigue siendo vista como el principal mecanismo para romper el ciclo de pobreza. Al mismo tiempo, las generaciones más jóvenes, como la Z y Alfa, buscan estudiar carreras que tengan impacto social y ambiental, no solo aquellas que prometen empleabilidad inmediata”, asegura Velazco.
La expansión de la educación superior privada y el crecimiento acelerado de la oferta online anticipan un 2030 donde lo habitual será transitar entre aulas físicas y plataformas digitales a lo largo de la vida. En países como Brasil, por ejemplo, dos tercios de los nuevos estudiantes ya optan por modalidades a distancia, una tendencia que se proyecta al resto de la región.
En términos de modalidad, la aspiración no es simplemente “estudiar online”, sino acceder a experiencias híbridas, flexibles y de calidad, reconocidas por el mercado laboral. Cabe recordar que mercado de educación online en América Latina ya estaba valorado en más de 4.200 millones de dólares en 2024 y se proyecta que supere los 22.800 millones de dólares en 2033, con una tasa de crecimiento anual superior al 20%.
“El error es pensar que el estudiante elige online porque quiere algo más fácil. En realidad, lo elige porque necesita compatibilizar estudio, trabajo y vida personal, pero sin renunciar al reconocimiento académico ni a la empleabilidad. Buscan experiencias bien diseñadas, acompañamiento humano, evaluación clara y títulos que el mercado valore”, sostiene Velazco.
Los miedos del estudiante latinoamericano del 2030
Sin embargo, junto con las oportunidades, los miedos son evidentes. El primero es la exclusión digital. Pese a los avances, el Banco Mundial asegura que solo alrededor del 60% de la población latinoamericana cuenta hoy con acceso confiable a internet, una brecha que se profundiza en zonas rurales y sectores de menores ingresos. De cara a 2030, el temor no se limita a “no tener conexión”, sino a no contar con dispositivos adecuados, ancho de banda suficiente o habilidades digitales para aprovechar la educación online.
“Muchos temen no tener los recursos, como conectividad, dispositivos, habilidades digitales, para aprovechar estas oportunidades. Otros temen invertir tiempo y dinero en programas que no tengan calidad ni reconocimiento real”, comenta el especialista, para después afirmar que otra inquietud latente es la obsolescencia profesional.
En un mercado laboral atravesado por la automatización y la inteligencia artificial, crece la preocupación por quedar fuera de sectores vinculados a ciencia, tecnología y datos si no se desarrollan competencias digitales y STEM. “Hay una sensación latente de incertidumbre: ¿Esto que estoy estudiando me servirá mañana? Ese miedo es comprensible en un ecosistema educativo cada vez más amplio, pero también más desigual”, menciona Velazco.
A esto se suma la preocupación por la calidad educativa. Frente a la proliferación de programas online, muchos estudiantes temen invertir tiempo y recursos en trayectorias educativas sin estándares claros, acompañamiento docente ni reconocimiento laboral. Por ello, para Velazco, el desafío será construir experiencias híbridas centradas en el estudiante, que integren calidad pedagógica, tecnología y acompañamiento humano. Sin inversión sostenida en infraestructura, formación docente y reducción de la brecha digital, el potencial transformador de la educación online podría quedar limitado, profundizando los miedos en lugar de abrir oportunidades reales para el estudiante latino del 2030.